Incoherencias

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El otro día me entretuve leyendo este artículo (Verne, El País) sobre las generaciones y las tecnologías… lo habrás adivinado, estamos refiriéndonos a “millennials”, “GenX”, y… nuevo cuño, los “xennials” (sí, la mezcla entre X, y -ennial”). En realidad, al parecer, proviene de un primer artículo aún más interesante aquí,en good.is.

Personalmente nunca me han convencido las etiquetas. Supone un riesgo alto de presuponer sobre otros, especialmente características o, aún más peligroso, motivaciones, comportamientos o capacidades englobándolas en grupos.

En el caso de las etiquetas generacionales, está claro que son macrogrupos,… pero me da la sensación que estamos dándole una importancia vital en nuestro marketing, intentando crear productos, marcas, “experiencias de consumidor” y todo lo que entra dentro y queda fuera del marketing mix o max. La palma se la lleva todo lo que tiene que ver con lo “millennial”, una suerte de humanos especiales hechos de una pasta única que sólo debe ser discernible por los más expertos de supermarketing, que aún no sabemos si son los que han nacido desde 1982, desde 1984, desde 1992, … parece que es una generación que mola tanto que nos queremos apuntar como sea. ¿Qué diferencia hay entre segmentar todauna generación -15 a 20años- y no segmentar?

Y todo esto en el mundo de la micro segmentación y el Big Data gracias al smartphone.

¿Alguien puede explicarlo?

 

¿Dónde está el futuro?

32513352280_bf5dc68e1d_kEl panorama es amplio, enorme, se extiende arriba, abajo, a izquierda y hacia derecha. Pero sobre todo, se extiende hacia atrás. Ahí hay muchísimo, está todo el acumulado que la historia ha ido disponiendo cronológicamente detrás de ti, que marcas una línea  entre el antes, y el después; entre el pasado, y el futuro.

¿Y qué hay delante?

Pues, delante, simplemente, no hay nada. ¿Y por qué no hay nada? Porque no te estás moviendo, sólo estás esperando. Al menos no hay nada, aún. Si quieres que haya futuro, sólo puede ser a través de… crearlo. Crear el futuro está en tu mano, porque eres tú el que va a decidir dónde ir, cómo ir, y a qué velocidad.

¿Y por qué digo esto?

Porque en el futuro, no hay modas. En el futuro, aquello que vaya a ser suficientemente bueno como para pertenecer al pasado de su tiempo, no pasará por haber hecho “marketing digital”, “innovación”, “design thinking” o “redes sociales”. Pasará por saber muy bien dónde estás, a dónde quieres ir, y que combines como creas necesario las adecuadas dosis de análisis e interpretación y, cómo no, intuición.

Por desgracia, los problemas o necesidades de una compañía no se suelen resolver con una iniciativa ligera de comunicación o de infraestructura tecnológica (un ERP, pongamos por caso), sino que hace falta un buen diagnóstico de la situación y determinar los siguientes pasos en tu organización para conseguir los objetivos propuestos.

Particularmente, siempre he estado vinculado a la tecnología, por lo que sería erróneo asegurar que no creo en ella o que no pertenezco a la generación apropiada . He disfrutado, he vendido, he enseñado y he diseñado tecnología y con tecnología. De última generación, o primitiva, porque cada herramienta es útil para cada uso. Y sigo haciéndolo.

Pero la parte del futuro en la que yo creo, es esa parte que trascenderá. Y será con tecnología, como ha sido desde que el hombre descubrió cómo hacer fuego o incluso cómo protegerse del frío o la lluvia o a manipular su entorno. Así que, con todo lo que yo apuesto por ella, en mi forma de ver el marketing, la tecnología es un commodity.

Lo que no es un commodity es tu capacidad de adaptarte al entorno, tu capacidad de pensar y actuar más rápido y mejor que tu competidor, y de forma más eficaz. Lo que no es un commodity es realmente tener en cuenta al consumidor y al mercado para crear valor con él y darle lo que quiere.

Porque cualquier competidor tuyo tiene acceso a las mismas herramientas tecnológicas (o procesos de última generación, nada como darle un nombre molón a la habilidad o proceso de saber pensar); internet, eCommerce, GoogleAds, Twitter, Facebook, … pero lo que no tiene cualquiera es la habilidad -y brains– para entender de qué va el juego, porque ahí entra más el factor humano.

Si realmente entras en la dinámica de la tecnología por la tecnología, estás en peligro de no desmarcarte como elemento de valor, y de acabar usando la tecnología como excusa de tus errores (“¡si yo invierto en redes sociales!”), porque el éxito no pasa por usar los cacharros que ya usan otros, sino por pensar, entender y actuar.

 

 

 

¿Qué es “dar valor” para el consumidor?

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Cuántas veces estamos oyendo esa expresión últimamente como si estuviesen inventando el marketing 9.0… que dejada así de la mano de Dios se convierte en una frase vacía de contenido, que no te conduce al siguiente paso y, por lo tanto, inútil.

También es posible que aun intentándolo, estemos implantando aproximaciones al mercado que no consiguen sus objetivos o incluso que no estén produciendo resultados relevantes.

La clave está en que seamos capaces de hacer que el consumidor entienda bien qué le estamos ofreciendo, y que podamos ofrecerle más por su compra, sin hablar de precio; en eso se pueden resumir las estrategias de “valor para el consumidor”.

El valor es un activo que añadimos al producto que tiene las siguientes características:

  • El consumidor lo valora, lo quiere y/o lo necesita.
    • No es valor si le damos al cliente lo que nosotros queremos por nuestras propias razones (nuestros costes, stocks, logística, …).
  • Está relacionado y complementa el producto o servicio en cuestión.
    • Que pueda potenciar la experiencia de uso del producto.
  • Permite generar una relación de marca – consumidor que fideliza.
    • Ayuda a conocer mejor a tus consumidores, recabar información útil y maximizar las oportunidades a futuro, incrementando el life-time value.
  • Te diferencia de tus competidores.
    • Te ayuda a posicionarte en el mercado ocupando un mindspace del consumidor específico.

Un aspecto muy potente acerca de estos cuatro puntos es que nosotros como marketers podemos utilizar estas palancas para escoger qué tipo de valor podemos ofrecer al consumidor, que podemos alinear con la visión de la empresa, su personalidad y la estrategia a medio o largo plazo.